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Los Santinón: cuando la cultura del trabajo deja huellas en la familia municipal

El repaso por una familia atravesada por la actividad dentro de la Municipalidad.

18 de Mayo 2019 Más ciudad para todos


Cada nota que escribimos en La ReVista, nos llena de sensaciones, cada relato de nuestros compañeros, es un bálsamo que nos alivia el cansancio luego de la jornada laboral, cada historia es un empujón para seguir adelante. Con muchos de nuestros entrevistados nos hemos cruzado alguno de estos años, en el hall del municipio o en algún evento, de otros conocíamos sus nombres o sus acciones, pero hoy la situación es diferente. Hoy tenemos que hablar de los familiares municipales de Vanesa, y dos de ellos ya no nos acompañan diariamente, y nos cuesta, porque algunos de los integrantes de La ReVista fuimos compañeros de trabajo y amigos. Más allá del cariño que se ganaron en el día a día, ellos han dejado un profundo vacío en muchos de nosotros, hablamos de Orlando Santinón y Néstor, su hijo.

Nos acercamos a charlar con Vanesa Santinón, hija de Orlando, un compañero municipal que alguno de nosotros conoció ya jubilado, pero por el cual mucha gente, además de conocerlo, tenía mucho cariño.

Vanesa es locuaz, desde chica derrochaba sonrisas cada vez que Orlando la traía a la Municipalidad por unos momentos mientras trabajaba, lo mismo cuando atendía el timbre en su casa cada vez que íbamos por Néstor. Ella misma nos relata cómo se sentía “Papá me llevaba con él al trabajo cuando hacia extras a la tarde, ansiaba llegar a la municipalidad, me sentaba un rato en mesa de entradas, con una hoja en blanco y un sello o birome, me sentía una verdadera oficinista, hasta el ordenanza me traía un vasito de agua. Estoy orgullosa de mi padre y mis hermanos, Néstor y Fernanda siguieron el camino de papá en la Muni.” Son sus primeras palabras y ya sus ojos brillaban, su orgullo por la historia laboral de su familia, ya se notaba en una voz que comenzaba a quebrarse.

Hicimos una pausa, no solo Vanesa la necesitaba, nosotros también, los recuerdos aún están frescos, pero fueron segundos, nuestra entrevistada quería y necesitaba seguir hablando con La ReVista. “Todo lo que tuvimos en casa fue gracias a que papá era empleado municipal, le debo todo a la municipalidad, soy una agradecida de la vida porque mi padre trabajó allí. Fue varita, siempre lo contaba, luego Jefe de Sección, a veces eran las dos o tres dela mañana y se rompía algo, lo llamaban a él y se levantaba, sin quejarse, era su trabajo nos decía, ustedes sigan durmiendo, tengo que ir, y allí iba, incluso lejos, allá por donde el diablo perdió el poncho como nos contaba,  invierno o verano, iba sin quejarse”.

Una nueva pausa en la charla, tan necesaria como la anterior, había que destrabar la garganta y disimular la fina cortina transparente que comenzaba a cubrir nuestros ojos. Tampoco duró mucho el respiro, tan solo el tiempo necesario para tomar unos sorbos de agua y escuchar nuevamente a Vanesa. “Cada vez que salíamos a la calle escuchábamos varias veces el adiós jefe o adiós Santinón y yo nuevamente inflaba el pecho, orgullosa, no había reces sociales, hoy nos conocemos todos, a papá lo conocían y no tenía Facebook” y ahí Vanesa recupera su sonrisa, algo que no había mostrado desde que comenzó la charla.

Néstor era su hermano, “Es mi hermano” nos corrige nuestra interlocutora con voz firme, comenzó allá por el lejano 1987 en el Concejo Deliberante su carrera como empleado, luego a la Secretaría de Hacienda hasta pasar definitivamente a la Casa de la Cultura. Hizo muchos amigos como empleado de carrera y muchos otros el tiempo que permaneció al frente de la Dirección, respetado por propios y extraños, un carácter un tanto duro que le servía para esconder el corazón de oro que tenía, pero que el mismo ocultaba. “La casa de la cultura era la segunda casa de Néstor, el la amaba, lo llamabas y decía casi siempre, estoy en Cultura. Yo hasta hace un mes no quería cruzar por la puerta ni en auto, lo veía allí, parado o me lo imaginaba en su oficina. Ni hablar de los Matecito, eran su vida, el adoraba el Carnaval y a su Marí Marí pero su corazón era murguero, el día que arrancaban no había siesta, algo sagrado para él, pero ese día la omitía. Ni que hablar después dela entrega de premios, volvía a casa sonriendo, nos decía que seguro tal o cual estaría hablando mal de el por cómo habían quedado, pero que era parte de la belleza de los corsos barriales, que el estaba acostumbrado”

Una y otra vez mirábamos a ambos lados del lugar donde charlábamos, buscábamos la razón en alguna corriente de aire o similar que nos provocaba una contracción en la garganta en medio de la charla, tanto a nosotros como a Vanesa, de golpe una sonrisa y un pedido “¿Me dejan contar algo de mi hermano para reírnos juntos?”, Obviamente que asentimos y empezó“Él tenía un amigo, también municipal, solían vacacionar juntos, luego su amigo se casó y Néstor seguía acompañándolos, era muy amigo de los dos, tanto que la hija de su amigo le decía que era su tío del alma. Una vez fueron a una ciudad de veraneo, su amigo, la señora, un par más y mi hermano, la dueña comenzó a mostrarles la casa que veían para pasar unos días y en un momento la propietaria les dice, bueno, se ve que les gusta y se van a quedar, a la vez que señalaba a Néstor, que seguramente cansado del viaje, se había apropiado de una de las camas y ya estaba durmiendo”. Dicen quienes estaban allí, que mi hermano ni siquiera movió los ojos o atinó a despertarse cuando las carcajadas resonaron en la casa, y que varios días después, jugando en las olas del mar como niños, se seguían riendo de lo sucedido”.

Notamos que Vanesa tenía ganas de seguir hablando, pero que a la vez sufría al hacerlo, una enorme mezcla de sentimientos entrecruzados que hacían trastabillar su voz en más de un momento, opacarla, perderla por décimas de segundo y recuperarla inmediatamente, del temblor a la firmeza en tan solo un instante.

“Estoy tan orgullosa del hermano, del pápa que tuve y de lo que la municipalidad les dio,  pero más aun de lo que ellos dieron a la municipalidad, era su vida, tanto de papa como de mi hermano” nos cuenta sobre las ultimas sonrisas que nos había sacado la anécdota, “Por carrozas también tuve la suerte de compartir viajes con Néstor, éramos varios estudiantes secundarios, iba Lidia y otros adultos, nos llevaba siempre Tapón en una combi. Néstor siempre iba adelante, y aún recuerdo la clásica frase de Denaday …después del segundo puente dormimos todos… y nosotros nos mirábamos y nos daba miedo, mientras ellos se reían”.  En la pausa nos cuenta que aunque hoy le es muy difícil aceptar su partida, la reconforta la cantidad de gente que aún recuerda a su padre y a su hermano, todos los que los quisieron. Nos cuenta también que su hermana Fernanda trabaja en Turismo y que eso nuevamente muestra que la Municipalidad es parte de su familia aún hoy, y vuelve a mostrase orgullosa de ello, como al principio.

Se hacía tarde y debíamos terminar la charla, el vaso de agua se encontraba vacío, su contenido había ayudado a desobstruir las gargantas de cada recuerdo que las cerraba. Antes de pararnos, nos deja su ultimo recuerdo “Fue emocionante haber recibido el homenaje en el corso, le pusieron el nombre de Néstor. Un día me llamaron para darnos las entradas a la familia para la inauguración y me dieron una de más por las dudas. Me subí al auto y ni bien empezó a moverse, pareció que solo se dirigió al cementerio. Allí la dejé, echa un bollito en su cruz, siempre que vamos con mamá la veo, era su corso, esa entrada no era de nadie más, era suya y allí está, como les decía, echa un bollito en el Cristo del nicho”

Solo un abrazo de despedida, las palabras sobraban, hasta el silencio parecía estar de más, no había nada que agregar. Recordamos dos compañeros de nuestra municipalidad, que como tantos otros, van dejando huella en su lugar de trabajo y en la vida. Una de las primeras premisas en un periodista es no involucrarse cuando se hace una nota, esta vez, habíamos desaprobado esa materia con una nota muy baja, no pudimos permanecer ajenos, no nos fue posible, quizás la verdad, es que no quisimos quedarnos fuera.

Por: La ReVista Visión Municipal - Dirección de Personal - Edición Mayo 2019


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