Cultura
A 168 años de su nacimiento, Fray Mocho y la historia detrás de su nombre
El Museo Casa Natal de Fray Mocho recupera documentos, relatos familiares y los distintos nombres y seudónimos que acompañaron la vida del escritor nacido en Gualeguaychú el 26 de agosto de 1858.
El 26 de agosto de 1858 nacía en Gualeguaychú un niño que años después sería conocido en todo el país como Fray Mocho. Pero antes del escritor, del periodista y del seudónimo que atravesaría generaciones, hubo una familia, una casa, un territorio y un nombre: José Zeferino Álvarez.
Para acercarse a sus primeros años es necesario remontarse incluso a la historia de su familia. José fue hijo de Desiderio Álvarez Gadea y Dorina Escalada Baldez, ambos orientales, y sus raíces atravesaban las dos orillas del río Uruguay. Entre sus antepasados aparecen vínculos con acontecimientos y protagonistas que marcaron la historia rioplatense, entre ellos José de San Martín y la gesta de los Treinta y Tres Orientales.
Aunque resulta difícil determinar cuánto de aquellas experiencias familiares permaneció luego en el hombre que llegaría a convertirse en Fray Mocho, los apellidos, relatos, lugares de procedencia y memorias transmitidas entre generaciones formaron parte del universo en el que comenzó a construirse su historia.
En ese entramado nació en Gualeguaychú el hijo de Desiderio y Dorina. Uno de los documentos vinculados con sus primeros días de vida permite, además, recuperar una cuestión que durante mucho tiempo permaneció confusa: su verdadero nombre.
La copia de su acta de bautismo, conservada en la Sala Evocativa del Museo Casa Natal de Fray Mocho, registra que fue bautizado como José Zeferino Álvarez. El documento adquiere especial importancia porque durante décadas numerosas publicaciones lo identificaron como José Sixto Álvarez, denominación que todavía puede encontrarse en distintas referencias.
En este caso, los documentos permiten revisar aquello que se creyó durante años y acercarse con mayor precisión a la persona detrás del personaje histórico.
Su infancia transcurrió también entre los paisajes rurales de Gualeguaychú. Las reconstrucciones sobre sus primeros años lo vinculan con Campos Floridos, un universo de personajes, relatos y experiencias que acompañó su formación y que más tarde encontraría ecos en su particular manera de observar y narrar la vida cotidiana.
José Zeferino sería apenas el primero de los muchos nombres que acompañarían su trayectoria. Con los años apareció José S. Álvarez, firma con la que sería reconocido en el ámbito periodístico, pero también una extensa serie de seudónimos: Sargento Pita, Fabio Carrizo, Gavroche, Stick, Gamin, Juvencio López, J.S.A. Pincheira, Pancho Claro, Saturnino Camándulas, Dr. Zorrito, Canuto Bochín, Figarillo, Chirimoya y Vizcacha, entre otros.
La multiplicidad de firmas permite descubrir otra faceta del periodista y escritor. Cada una acompañó diferentes tonos, personajes y formas de intervenir en la prensa de su tiempo. Sin embargo, entre todas ellas hubo una que terminó imponiéndose hasta prácticamente desplazar su propio nombre: Fray Mocho.
El origen de aquel sobrenombre tampoco tiene una única explicación. Las fuentes conservan diferentes versiones. Una de ellas se remonta a sus primeros años y a su maestro Olegario Errauzquin, quien habría comenzado a llamarlo “Mocho” porque el pequeño José, por su aspecto y contextura, le recordaba a un toro mocho.
Otra versión recupera un relato atribuido al propio Álvarez, según el cual durante sus años de estudiante en el Colegio del Uruguay sus compañeros comenzaron a llamarlo “Mocho”, mientras que el “Fray” se habría incorporado posteriormente. Incluso el propio escritor parecía no contar con una explicación definitiva sobre el origen del apodo que terminaría acompañándolo para siempre.
El nombre por el que sería recordado no fue, entonces, el que recibió al nacer, sino uno adquirido a lo largo de su vida y finalmente asumido como propio.
A 168 años de su nacimiento, volver sobre sus orígenes permite reconstruir una historia atravesada por su familia, su casa natal, los paisajes de Gualeguaychú, los documentos conservados y las distintas maneras en que eligió firmar sus textos.
Antes de Caras y Caretas, antes de sus libros y antes del seudónimo que lo convertiría en una figura destacada de la literatura y el periodismo argentino, hubo un niño nacido en Gualeguaychú el 26 de agosto de 1858: José Zeferino Álvarez, antes de ser Fray Mocho.